MI DINERO

Pensando en Prosperidad…

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Un momento conmigo

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Mie, 03 de mayo de 2017

Por Miosoti Ceballo
Asesora en Inversiones Financieras y Terapeuta Sistémica

 

“Si vas a hacer lo que te corresponde hacer y ser lo que te toca ser, la vida te proporcionará los medios para hacerlo y serlo”.

James Dillet Freeman

 

A lo largo de mi camino como terapeuta, he aprendido que hablar de Prosperidad es reconocer que se trata de un nivel de consciencia en el que muero a viejas creencias y nazco a un campo de posibilidades más amplio. Por eso coincido con expertos en que la prosperidad no se trata de tener dinero en el banco o inversiones, es una manera de pensar, es un modo de vida que encierra bienestar, sentido de plenitud y satisfacción.

 

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La autora Martha Smock también afirma que todo comienza en una idea, la cual  engendra plenitud, que produce bienestar, que ofrece prosperidad a nosotros y a otros. Sin una idea inicial no podemos comprobar la ley de la Prosperidad. Es como una semilla que se desarrolla en nosotros, mediante la cual podemos cambiar condiciones, crear un ambiente en el cual las riquezas internas y externas pueden crecer y florecer.

 

Cuando me permito aquietar mi mente y escuchar las ideas que salen del silencio de mi interior y me permito conectarme con la sustancia que crea la realidad que puede ser para mi (no la que aparenta ser) estoy siendo Uno con la mente de mi Creador.

 

Todos tenemos algo que dar. Tenemos talentos (aunque a veces no creemos en ellos). Sólo podemos dar esos talentos cuando los reconocemos, los despertamos y los usamos. Todos tenemos dones y habilidades que otros necesitan de algún modo, que ofrecen algo constructivo a nuestro mundo. Y sobre todas las cosas tenemos amor que es lo único real, lo único que al ser expresado se convierte en el regalo más grande capaz de transformar y bendecir todo lo que toca.

 

Muchas filosofías nos enseñan la forma correcta de cómo pensar y cómo orar para obtener prosperidad. En sus libros, Martha Smock, Charles Fillmore y otros autores sugieren lo siguiente: Da de aquello que tú deseas ¿Deseas prosperidad?, ora para saber qué dar, cómo dar, cómo servir. Ideas de prosperidad vendrán a ti. Aumentarás y expandirás la magnitud de tu vida, y tus intereses y actividades. Hay que dar aquello que tenemos. Si quiero dinero, regalo dinero; si quiero amor, regalo amor; si deseo tiempo, saco tiempo para los demás; si quiero que me valoren, comienzo valorándome; si deseo aceptación, me acepto y doy aceptación a otros.

 

Durante mucho tiempo hemos sido programados con creencias limitantes acerca de la abundancia. Pero sin importar cuánto tiempo hayamos vivido con la creencia de pobreza, podemos sanar y liberarnos de esas creencias y sus limitaciones.

 

Manifiesto prosperidad dejando atrás creencias pasadas acerca de la carencia. Eso es morir a mi vieja conciencia. Esas creencias de algún modo me dicen que no merezco la prosperidad y el éxito, son creencias erróneas de que no tengo nada que dar, nada que ofrecer a la vida y a los demás, o peor aún, nada qué ofrecerme a mí misma.

 

Si creeo que Dios es el Creador de todo, entonces debo reconocer que Él es la fuente de cualquier provisión, y para acceder a ella sólo debo pedirla con honra y respeto. Si no tengo una relación de honra hacia mi Creador, ¿qué va a pasar con la provisión que puedo recibir de él? No se trata de que el Creador me negará lo que tiene para mí. Se trata de que si no miro con honra Aquel que me ha creado no me sentiré,  conciente o inconcientemente, merecedora de recibir nada.

 

Energéticamente, afecta mucho el no respetar y honrar la fuente que nos creó. Al hacerlo voy a anular mi conciencia de merecimiento y esto me llevará a boicotear mis oportunidades, con lo cual afectaré la manifestación de lo material y provocaré que el dinero no llegue a mí.

 

Para comprender esto mejor, piensa en que tu papá es tu proveedor. Si no tienes una buena relación con él, no te sentirás a gusto de pedirle cuando necesites. E incluso si aún teniendo una mala relación con tu padre, él sigue proveyéndote, probablemente recibirás con disgusto, y tal vez tu padre considere que no quieres recibir nada de él.

 

 

AFIRMA:

Dios en mi corazón me sostiene

y me guía hacia mi mayor bien.

Mi Prosperidad no es de este mundo,

viene del que mora en mi interior.

Soy una creación amada de Dios,

radiante, sabia, amorosa y exitosa.

La sabiduría infinita me guía,

el amor divino me prospera,

y tengo éxito en todo lo que emprendo.

 

Abre tu mente a las ideas de prosperidad y úsalas. Una idea próspera es como una  pequeña semilla, tan pequeña que podría parecer que no tiene vida; sin embargo, tiene el potencial de producir magníficos resultados cuando es atendida, cuidada y alimentada correctamente.

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