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Tu punto ciego: La sombra

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Jue, 26 de octubre de 2017

Por Fabiana Raso
Acompañante en BioNeuroEmoción®

¿Has oído hablar alguna vez de la sombra personal? Este término fue muy utilizado, estudiado y difundido por el reconocidísimo psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, como una forma de abarcar más ampliamente el concepto del inconsciente.

Nuestra sombra personal comienza a desarrollarse a muy temprana edad a través de la crianza. Es en nuestra infancia en donde comenzamos a identificarnos con ciertos aspectos “positivos”, por ejemplo, con la generosidad, la bondad, la sinceridad; y al mismo tiempo rechazamos los opuestos, como la maldad, el egoísmo, la mentira. Y de esta forma nos vamos construyendo entre lo que algunos denominan nuestra luz y nuestra sombra. Porque como este mundo es polar, todo en el universo tiene su polo opuesto. La naturaleza nos lo muestra en todo: día y noche, calor y frío, hombre y mujer, arriba y abajo, etc. Y así mismo podemos verlo en todas las cosas: lindo y feo, duro y blando, bueno y malo, y una lista infinita…

Por lo tanto, si existe bondad en nosotros existe maldad también, y es bueno que podamos ver esto con humildad, porque de no hacerlo significa que lo hemos relegado a nuestra sombra y ésta estará acechando de maneras insospechadas en nuestra vida, a través de situaciones, personas, relaciones, hijos, parejas, amigos, jefes, para que finalmente en algún momento podamos verla.

Comenta el escritor Robert Bly que todos arrastramos con un Gran Saco, pues a partir de los tres años, aproximadamente, el niño o niña comienza a darse cuenta y a descubrir con asombro que ciertos aspectos de su personalidad no le agradan a sus padres; por ejemplo cuando se les dice: “¿Te puedes quedar quieto de una vez?” “¿Cuándo vas a terminar de moverte tanto?” “¡Puedes dejar tranquilo a tu hermano!”.

Y como todos deseamos seguir siendo merecedores del amor de mamá y papá, comenzamos a echar esas facetas que nos desagradan de nuestra personalidad en un saco invisible. Luego comienzan a llegar informaciones como: “las niñas buenas no hacen eso” o “está muy mal que un niño como tú haga…”. También eso se va guardando poco a poco en ese saco. Todo comienza en casa, pero luego se van sumando espacios como la escuela, en donde los maestros con muy buena intención comienzan a decirnos que no son aceptables ciertos enojos, ciertas rabias. Entonces toda esa ira y rabia no permitida va a ir a parar a ese saco.

Este saco que arrastramos sigue y sigue creciendo debido a una cantidad de aspectos que hemos rechazado y que ya no reconocemos que están en nosotros. Se vuelve literalmente un punto ciego de nuestra personalidad. Mujeres Y hombres nos pasamos largos años de nuestra vida llenando inconscientemente ese bulto, que se va volviendo cada vez más pesado por las experiencias y las vivencias, para luego paradójicamente, pasarnos la vida vaciándolo…

Es inevitable, es un trabajo que al parecer nos toca a TODAS, sin excepción. En la medida que rechazamos hacer este trabajo como adultas, la carga se hace más pesada de llevar y se vuelve más peligroso de abrir ese contenido por vaciar. Porque el trabajo con nosotras mismas, va o va…

Si hemos decido hacerlo desde la consciencia será más llevadero el camino, porque iremos paso a paso observando qué nos muestra, entendiendo que cada cosa que nos pasa es parte de lo que vamos generando, de lo que tenemos que desenmarañar de nuestra historia, sin pelear con ella. Y con cada descubrimiento que hacemos de nosotras mismas, aunque sea incómodo o doloroso, a la vez se vuelve satisfactorio, porque nos va quitando un gran peso de encima. Pero si nos rehusamos a querer mirar las situaciones, más adelante nos golpearan con una intensidad de dolor y un nivel de sufrimiento a veces impensado y en los momentos que creemos más inoportunos.

Cada vez que odiamos algo, cada cosa que repudiamos con nuestras tripas, cada característica de alguien que no soportamos, nos está mostrando contenido de nuestra propia sombra. Por ejemplo: cuando yo digo “odio la mentira, no la soporto”, tengo entonces que mirar adentro de mí qué es lo que no veo ahí pero que de seguro está, y preguntarme: ¿A quién le miento también yo? o ¿En qué me miento a mí misma y no me doy cuenta?

Nuestra sombra también se hace presente en nuestras relaciones, cuando me molesta o me duele mucho la actitud de mi pareja o lo que me hace mi jefe, todas esas relaciones me muestran algo de mí. Si no me respetan: ¿A quién yo no respeto? o ¿Cómo me irrespeto yo? Existen infinidades de formas de irrespetarme que pude haber aceptado en el transcurso de mi vida: soportando cosas, relaciones, abusando de mi físico, etc.

Siempre es bueno tener presente que la ciencia afirma que de nuestra capacidad de procesar información sólo somos consciente del 5%. Imagínate entonces de ese 95% del que no somos conscientes, cuánto le pertenecerá a nuestra sombra… Evidentemente hay mucho por descubrir adentro nuestro.

 

Para contactar con la autora:
Fabiana Raso
Acompañante en BioNeuroEmoción®
Hipnosis Clínica Reparadora
Estudiante de Las Leyes Biológicas
809-802-8887
fabianarasobio@gmail.com

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