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Sonia Silvestre

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Vie, 20 de octubre de 2017

Por Carmen María Grullón Cabral

Petromacorisana por circunstancia y hatera por decisión, Sonia Margarita Silvestre Ortíz saludó la vida el 16 de agosto de 1952.

Sonia Silvestre le concedía el mérito de su amor hacia la música a la vellonera que repetía boleros al lado de la casa de su abuela, y a la extensa colección de discos de pasta que tenía su padre. Siendo una preadolescente, se mudó a la capital, donde concluyó su educación escolar e inició sus estudios universitarios. Es la época en la que conoció a Los Beatles y en la que su mirada de la música dio un giro de 360, generando en ella las inquietudes artísticas y de vanguardia que la harían grande.

Gracias a la comunión de intereses e ideologías, se casó muy joven con Yaqui Núñez Del Risco (otro gran pensador), y fue ampliando así el extenso abanico de su legado músico-cultural.

La historia de esta mujer activa, de mirada e ideas preclaras, a quien inmediatamente asociamos con la música de contenido social y la lírica revolucionaria, tocó mi vida de muchas maneras.

En mi infancia, conocí su voz y supe en la distancia del gran suceso social y cultural que supuso “7 días con el Pueblo”, el festival de la música y la palabra que se levantó por encima del sistema, cuando en mi vecina UASD las bombas lacrimógenas y la represión eran el pan nuestro de cada día.  

Amante de lo autóctono y con una mirada profundamente realista, Sonia se hermanó a Luis “El Terror” Días, y junto a el creó piezas emblemáticas de nuestra música popular, piezas mismas que no son puramente comerciales, sino más bien un referente del padecer, el sentir y el vivir de nuestra sociedad. Joyas de alto valor musical y ejemplos de nuestro más puro folclor.

A lo largo de mi adolescencia, en el momento de cuestionar mi entorno y enfrentar mis paradigmas sociales y personales, la reencontré y, al igual que para muchos, su trova inteligente y amorosa fue mi gran refugio.

Mas adelante, en mi adultez (ella ya casada con el Negro Betancourt) y a través de un grupo de amigos comunes, tuve la gracia de que compartiéramos socialmente y de conectar con su chispeante humor y su amplia sonrisa.

La diversidad intelectual de Sonia (era políglota y pedagoga), su conexión poética, el manejo de las letras y su conocimiento de la psique de nuestra sociedad, la llevaron, en una de sus muchas etapas, a trabajar como redactora de contenido en la Publicitaria Pagés, donde tuve la grata experiencia de tenerla como compañera de trabajo, y donde pude disfrutarme a su lado ratos deliciosos de conversar, reir, crear y existir, gozando de su sabiduría y de su desenfadada manera de ver la vida.

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La Silvestra me acompañó en más de una tarde de lluvia, en más de un cumpleaños, y en aquella memoria que atesoro cuando gritaba a voz en cuello sus canciones, en el inolvidable Perú.

“Cadmen María”, me decía con el tono cubano que utilizaba entre amigos, y que era una muestra más de su conexión con Cuba y los cubanos –esa otra patria a la que amó profundamente y con la que compartió amistad, ideas y compromiso de muy diversas maneras. Este amor y devoción por y para Cuba se manifestó a plenitud hasta el final de sus días, cuando se desempeñaba como Ministra Consejera de nuestra Embajada en ese país.

Gracias Silvestra querida, reconozco en ti esa mujer culta y dulcemente fuerte, cuyo canto es un trino que nos acompaña constantemente. Eres legado de compromiso cultural y social que se renueva cada día, e inspiración para esta generación de mujeres y para las generaciones que están por venir.

Hoy agradezco el que nuestros caminos se cruzaran de tantas maneras, y aprovecho esta oportunidad que me da la vida para, aunque la tarde llore, gritarte que te quiero.

 

Fotos: Fuente externa

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