AMOR PA’ MI

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¿Qué tal si celebro y agradezco ahora mismo?

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Mie, 05 de abril de 2017

Por Lori

 

A la memoria de Delcy Yapor, sin conocerla.

 

Esta mañana mientras me arreglaba para salir, pensé en que me había despertado con una extraña sensación de inquietud. A veces me sucede que despierto y al incorporarme tengo sentimientos para los que no encuentro razón de ser, emociones inquietantes acerca de todo lo desconocido que me depara el día. He escuchado que en estos días hay oleadas energéticas que llegan a la Tierra capaces de alterar nuestros estados de ánimo. No sé qué tanta verdad tenga esto, pero si por casualidad es cierto, confieso que últimamente he sentido en mí algunas energías diferentes a lo acostumbrado.

 

Esta mañana, mientras pensaba acerca de mi estado de ánimo, recordé la lamentable muerte de la señora Delcy Yapor, quien salió de su casa un lunes cualquiera de su vida, sin saber que ese sería el lunes en el que dejaría este mundo. No conozco cómo era su vida ni su rutina diaria. Supongo que no muy distinta a la de cualquier mujer de estos tiempos. La imaginé levantándose, tomando un baño, tal vez arreglándose, quizás diciendo alguna oración, tomándose rapidito un café, despidiéndose de sus seres queridos, haciendo alguna llamada, revisando su whatsapp, mirando alguna novedad en facebook. No sé, sólo la imaginé haciendo lo que de alguna manera hacemos todos. Y también la imaginé desconocedora de que poco tiempo después ella estaría cruzando por la calle precisa y en el momento exacto en que le impactaría una bala que no era para ella. En el triste video que circuló en la red, se ve el minibús deteniéndose lentamente, y hasta uno llega a imaginarse que Delcy tuvo la valentía y el tiempo para decidir frenar y quien sabe si hasta poner el vehículo en parking, quizas movida por el hecho de llevar niños con ella. No sé, imagino todo esto sin saber cómo fueron para ella esos últimos segundos.

 

Pensando en Delcy, me pregunté ¿que habría hecho ella de saber que esa mañana, tan temprano, muy poquito después de salir de su casa, perdería la vida producto de ese triste accidente? Y me pregunto luego (un poco buscando una manera de contrarrestar el malestar con el que había amanecido): ¿Qué haría yo diferente si supiera en qué momento mi alma va a dejar mi cuerpo?  La respuesta me hizo recordar lo afortunada que soy de estar viva y tener la oportunidad de elegir vivir con plenitud este día.  

 

¿Que haría en los próximos 30 días si supiera que al final de mes voy a dejar este mundo?

 

La lista que fue saliendo de mi reflexión es muy interesante. Está llena de asuntos que quiero hacer todos los días y para los que no siempre saco tiempo. Llamadas postergadas, saludos dejados para después, palabras no expresadas a tiempo, ideas que dejo para darles forma más tarde. En mi lista he puesto en primer lugar la calidad y las intenciones que pongo a la manera en que me relaciono con mis seres queridos, con mis hijos Sofía y Emilio, con mami y papi, con mi novio Matías, con mis amigas, con mis colaboradores, con mis clientes, con la que gente a la que ayudo y que me ayuda, con mi mundo.  El cariño que puedo dar, la manera amorosa que puedo usar para hablar con las personas, el hacer una llamada que lleve alegría a alguien. Decir a tiempo aquello que no me gusta y evitar que crezca un malestar, escuchar más a los demás. Sacar tiempo para caminar en la playa una tarde cualquiera, hacer cosas para sentirme más coqueta, experimentar con algún look atrevido, practicar más música… y un largo etcétera.

 

Si de antemano sé muy bien cómo quiero que sea mi vida diaria, ¿por qué no poner en marcha mis pequeños deseos de una vez? Aunque supongo que mi alma lo sabe, concientemente no conozco la fecha de expiración de mi contrato con esta existencia. ¿No sería mejor aprovechar este cuerpo, esta mente y este corazón ahora mismo?

 

Con frecuencia nos enfocamos en darle importancia a conseguir cosas, a “hacer más” para alcanzar metas, le damos demasiada importancia a lo que nos falta, a lo que no tenemos, a aquello que nos está costando conseguir. Dirigimos nuestra energía hacia lo que no funciona, a lo que creemos que está mal en nosotras, en nuestras relaciones, en la casa, en el trabajo, en nuestra sociedad, en el país…

 

Recientemente escuché a mi maestra Karina hablar de “celebrar y agradecer” como la única cosa verdaderamente útil. Agradecer por todo lo que somos y celebrarlo cuidando la calidad de nuestros pensamientos, sentimientos y actos cotidianos.

 

Al final, el día es según la energía que le pongamos, aunque no sepamos como va a terminar y cómo se convertirá en otro día más. Sé que está bien sentirme rara de vez en cuando, pero lo que verdaderamente me importa es poder tomar el mensaje de mis emociones para ser una persona más plena. Eso también es amarme.

 

He leído algunas declaraciones de la familia de Delcy que me hacen albergar la recóndita alegría de que al momento de irse ella fuera una mujer feliz. Entonces, sonrío porque la Vida es un misterio muchísimo más grande de lo que podemos ver con estos ojos humanos.

 

Celebrar y agradecer…

 

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