AMOR PA’MI

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Para darte Amor, medita

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Jue, 02 de marzo de 2017

Por Lori

Ultimamente se habla mucho acerca de los beneficios de la meditación para la salud y para el bienestar general de las personas. También hay muchos debates acerca de lo que significa meditar: que si se trata de concentrarse, si es dejar la mente en blanco, si es mindfulness, o si se logra prestando atención a la respiración. No soy experta en esta antigua práctica oriental ni mucho menos, y tampoco estoy capacitada para aportar algo al debate.

De lo que he leído sobre meditación y relajación me quedo con la comprobación del bien que me hace tomar un tiempo para desvincularme del estrés cotidiano, de las cosas pendientes, de las preocupaciones, del ritmo acelerado de la vida moderna; y en cambio, conectarme con mi cuerpo, respirar concientemente, permitir que mis sentidos perciban sonidos, silencios, luz, aromas; es decir, enfocar mi atención en ese justo momento de mi vida en el que estoy “meditando”y soltar todo lo demás.

Antes creía que tenía que ser experta en yoga y en religiones orientales para ser capaz de llevar mi ser hacia un estado de comunión plena conmigo misma. Por suerte hoy en día hay mucha apertura hacia estas prácticas y aunque no estoy segura de si estoy practicando la meditación tradicional, echo mano de estos conocimientos milenarios para usarlos en mi beneficio y sobre todo en mi contexto actual. 

Como a mucha gente, con frecuencia me cuesta acallar el gallinero en mi cabeza (!cuánto cacareo tengo, a veces!). En ocasiones me cuesta visualizar dorados rayos de luz que entran por la coronilla de mi cabeza o paisajes paradisíacos para construir santuarios personales. Pero con la práctica diaria he encontrado que poco a poco voy siendo capaz de abstraerme de mi parloteo interior, de soltar la agenda, la casa, lo que pasó esta mañana y ese cliente al que hay que dar seguimiento al día siguiente. Poco a poco voy siendo capaz de disfrutar un momento sólo conmigo, con mi cuerpo y mis signos vitales. Ya no me preocupa si aparecen pensamientos, no lucho con ellos, esforzarme en no pensar resulta en todo lo contrario.  

Me gusta la idea de algunos autores que afirman que no se necesita ninguna técnica para meditar, que la meditación es instalarnos en el presente de manera tan profunda que nos convertimos en lo que estamos haciendo en ese instante, y elevar el momento hasta hacerlo algo sagrado, un tiempo en que nos permitimos sentir la profundidad de nuestro ser.

No soy experta en el tema por lo que te sugiero que investigues hasta encontrar tu mejor manera de relajarte y meditar, aquella que te facilite escuchar los amorosos latidos de tu corazón y lo que ellos te susurran en el pecho. Una de las formas más comunes es meditar mediante la respiración, pensando en cómo el aire entra y sale de tu cuerpo.  También está la meditación por medio de sonidos, usando alguna música o un mantra. Otra forma de meditación es utilizando un objeto, como una vela encendida, piedras, un color o una imagen mental. Elige lo que mejor vaya contigo.

A mí me funciona hacerlo cuando llego a casa después del trabajo, es excelente para dejar atrás la rutina y estar lista para disfrutar de mi familia; y es vital para desintoxicarme del estres del día y recargar mis pilas con nueva  energía. Yo lo llamo un “baño relajante”, en el que después de la ducha me quedo meditando. Es menos probable que aparezcan interrupciones mientras mis hijos o Mecho, mi asistente doméstica, saben que estoy bañándome. Cuando no tengo ayuda con los niños, les pongo alguna actividad que los entretenga por unos 15 ó 20 minutos, y poco a poco ellos han aprendido a respetar ese momento que dedico sólo para mí.

Adoro los aromas, especialmente los de sándalo y rosas. Tengo en mi baño un estantito para colocar mis esencias, inciensos, sales y velitas; también tengo pequeños instrumentos sonoros y otras cositas que encuentro por ahí, que me sirven para crear el ambiente relajante que necesito para volver a mi centro, a mi paz interior. Me gusta poner música suave, escuchar sonidos de la naturaleza, cuencos, lluvia, música de ángeles, y escojo algo que tenga la duración de tiempo que quiero dedicar a la meditación.  Después de esto, simplemente fluyo con el momento sin que me importe el resultado, sólo permitiéndome disfrutarlo, sentir, escuchar, oler, y estar alerta a la parte de mi cuerpo que despierta en cada instante. Si me duele o molesta alguna parte, hablo con ella, y dejo que a mis pensamientos lleguen ideas y respuestas acerca de lo que está pasando en mi cuerpo. Presto atención a las emociones y sentimientos que van saliendo como consecuencia de ese momento preciso (sin dejar la mente divagar por cualquier lado). Todo esto significa que me estoy observando, conociendo y escuchando activamente. Y es maravilloso.

Con la práctica de la meditación he aprendido a conversar con mi corazón y con mi cuerpo. La meditación es especialmente útil para recuperarme de situaciones que me producen preocupaciones, miedos y tristezas, ya que durante ella me pongo en contacto con mi sabiduría interior y puedo obtener respuestas y paz. En un primer intento tal vez no logres conectar con tu voz interior, pero con la práctica lo vas a lograr. Te recomiendo que hagas de la meditación una actividad diaria y te aseguro que muy pronto verás los resultados.

Quizás pienses que no es tan fácil tomarte este tiempo, tienes tantos compromisos al llegar a casa que te abruma la idea de los niños esperándote con las tareas, el servicio con la lista de compra porque “se acabó el arroz para la comida de mañana”, la atención que quieres dedicarle a tu pareja, a tus padres y a otros miembros de tu familia. Pero, amiga, si no te detienes puedes tener un corto circuito (¿viste a Glen Close en Las mujeres perfectas?).

Con 10 minutos es suficiente. Régalate ese tiempo y descubrirás cuánto puedes amarte y ser feliz con tan sólo darte lo que con mucha facilidad regalarías a otros. Sí, lo sabes: eres capaz de sacar tiempo para todo el mundo, excepto para ti. Pero hazme caso, te aseguro que ese momento detenido en tu propio ser es lo mejor que puedes hacer por ti, tu salud y tu bienestar, es la mejor forma de amarte y te lo mereces.

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