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Mamá Tingó

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Jue, 3 de agosto de 2017

Por Carmen María Grullón Cabral

Como es sabido que honrar honra, seguimos nuestro recorrido por las vidas de estas grandiosas mujeres, tal vez no muy conocidas, pero cuya relevante existencia significó en alguna medida, avance, cambios e importantes aportes para las generaciones que las sucedieron.

Hoy reconocemos a Florinda Soriano Muñoz, mejor conocida como:

Mamá Tingó

Su historia es única y a la vez común, ya que en ella vemos evidenciarse la represión, la injusticia social y el abuso de poder, flagelos de nuestra sociedad que a pesar del paso de los años no pierden vigencia.

Florinda Soriano Muñoz fue una mujer físicamente fuerte, de rasgos y ascendencia negra y sin escolaridad alguna, pero cuyos méritos se insertan en lo más puro y visceral del ser humano: la búsqueda de la justicia y la preservación de la dignidad.

Nacida en Villa Mella, esta analfabeta, empoderada y valiente formó parte, junto a unas 350 familias pobres, de la Liga Agraria Cristiana, grupo sindical de la zona de Hato Viejo, Yamasá, que luchaba por los derechos de las tierras trabajadas durante décadas por dichas familias.

Líder sindical y activista comunitaria, Mamá Tingó encabezaba siempre las protestas contra los intentos de desalojo realizados por los supuestos dueños legítimos –como es el caso del terrateniente Pablo Díaz Hernández, quien actuaba avalado por oscuros títulos de propiedad. Como parte de sus esfuerzos por tomar el control de las mencionadas tierras y contando con el apoyo irrestricto del gobierno del Dr. Joaquín Balaguer, Díaz Hernández procedió a remover, a fuerza de tractor, las cosechas de los campesinos, y a cercar con alambres unas 8,000 tareas de tierra, alimentando indefectiblemente el fuego de la revuelta campesina.

A pesar de haber sido apresada y amenazada en varias ocasiones, Florinda nunca pudo ser intimidada. Por lo que un domingo, junto a un centenar de campesinos, desmontó personalmente los más de 11 kms de alambres colocados por la gente de Díaz Hernández, para luego apersonarse a presentar una querella formal contra el terrateniente, en el Juzgado de Paz de Monte Plata.

El día de difuntos del año 1974, Mamá Tingó fallece a manos del esbirro Pablo Díaz. Llamando su atención al soltar los cerdos de su corral, esperó a que Florinda llegara a amarrarlos y le disparó con su escopeta.

Herida en la cabeza, machete en mano y sin un pelo de pendeja, logró herir a su atacante en el hombro, pero falleció víctima de un segundo cartuchazo que alcanzó su pecho.

Sorpresivamente para sus enemigos, su muerte, lejos de acallar su voz, hizo pública la lucha y consiguió la victoria de los campesinos, lo que la ha hecho objeto de toda suerte de homenajes, canciones, piezas teatrales, ensayos literarios, veladas escolares y movimientos sociales y campesinos, que aún hoy recogen la grandeza de su legado, ejemplo de lucha y perseverancia sin límites.

 

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Doña Tingó, Madre de las almas campesinas, usted es y será siempre un referente de la fuerza que trasciende a la preparación académica y que conecta con la voluntad y el compromiso a la hora de defender, a toda costa, los derechos que nos son inherentes.

 

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