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Los niños y las emociones

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Vie, 24 de marzo de 2017

Por Lorraine Isa
Terapeuta Familiar y de Pareja

 

Las emociones son parte de nuestra cotidianidad, van vinculadas a todo lo que nos rodea y nos sucede, y el manejo de las mismas va a indicar el éxito en muchas áreas de nuestras vidas. Por esta razón es necesario poder empezar desde pequeños a gerenciar dichas emociones.

 

Es natural que los niños tengan reacciones ante las negativas, los límites, las reglas, y manifiesten conductas como pataletas, ataques de llanto inconsolable, intentar golpear a alguien o arrojar algún objeto. Diversas reacciones nos indican que el niño está experimentando ciertas emociones que no sabe manejar. El conocimiento de dichas emociones, la comprensión y manejo de las mismas son necesarios para que logren desenvolverse de manera satisfactoria en los diferentes entornos sociales.

 

Poder identificar la emoción detrás del comportamiento de un niño es el primer paso para ayudarlo en este proceso de autorregulación. El niño necesita escuchar el nombre de la emoción que está sintiendo y entender que es normal sentirse de esa manera cuando pasa algo que no le gusta, como por ejemplo pedirle que recoja los juguetes, decirle que hay que apagar la tableta, o retirarle un objeto peligroso. Esto se puede lograr con frases como: “está bien sentirse enojado porque tienes que dormirte y porque te apagamos la televisión”, mientras se hace contacto visual con el niño y se acaricia con las palabras. Para que más adelante el niño tenga la capacidad por sí mismo de externar su malestar: “estoy enojado porque no me has llevado al parque”. Y que también pueda tener expresiones de emociones positivas: “estoy contento porque mañana iremos a la playa”; y expresiones de temor: “tengo miedo de que cierres la puerta”.

 

Enseñarles con el ejemplo en lugar de alterarnos y actuar con impulsividad les permitirá aprender que antes de gritar o pegar es mejor expresar aquello que sienten. Ayudarles a crear empatía tras su comportamiento con preguntas:“¿cómo crees que se sintió tu hermano cuando le quitaste el juguete?”“¿Por qué crees que llora?” ¿Cómo te sentirías tú si te golpeara?”. Estas preguntas lo ayudarán a entender mejor la consecuencia de sus acciones.

 

Reforzar la comunicación en todo momento les otorgará la libertar de externar sus sentimientos, exponer su opinión, debatir con argumentos y dialogar en lugar de reaccionar.

 

 

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