AMOR PA’ MI

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Los grandes golpes de la vida no son para joderte

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Jue, 16 de marzo de 2017

Por Lori

 

Con frecuencia nos quejamos cuando se nos presentan obstaculos, sin darnos cuenta de que son las oportunidades que nos regala la vida para hacer aflorar nuestros dones y fortalezas, y para conocernos mejor. Es decir, para amarnos más.

 

Me encanta la definición de obstáculos y limitaciones que usa la autora Flavia Carrión. Ella los llama “iniciaciones de la vida cotidiana”. Para describirtelo de una forma sencilla, una iniciación una preparación que hace una persona para subir un peldaño en su camino de evolución. Creo que es muy acertado mirar las situaciones con las que tenemos que bregar todos los días (aunque no nos gusten) como peldaños de nuestro viaje y que aprendamos a experimentarlas con conciencia. Esto es descubriendo el significado, la enseñanza y el regalo que nos traen.

 

Hay acontecimientos que nos pueden mover profundamente y algunos pueden ser bastante traumáticos, como un divorcio, la muerte de un ser querido, el despido de un trabajo, o padecer alguna enfermedad grave. Hay otros que no son tan fuertes, pero que al formar parte de nuestro día a día nos pueden desgastar y sacar de balance.

 

Dice Flavia Carrión que al elegir vivir con conciencia los retos que nos presenta la vida recibimos “la activación de nuestros dones, el descubrimiento de nuestro ser auténtico y la oportunidad de desarrollar una vida alineada con nuestro propósito sagrado”. Concuerdo con ella en que sin esa conciencia “es probable que tardemos muchísimo tiempo en recuperar la alegría y que –al tiempo– la situación se repita, hasta que tomemos de ella el poder y la luz que se nos está ofreciendo”.  

 

De seguro que te ha pasado, igual que a mí, que has enfrentado situaciones difíciles de manera repetitiva. Te confieso que he tenido lecciones por las que he pasado un montón de veces sólo porque no había tomado conciencia de mi responsabilidad en ellas, y me la pasaba culpando a los demás de lo que no iba bien en mi vida. He aprendido que cuando  tomo mis situaciones sin hacer demasiados juicios y sin rechazarlas, siento un mayor poder interior que me hace más fácil encontrar soluciones. La manera en que logro esto es sobre todo reconociendo que nada es casual, que atraigo a determinadas personas y situaciones para tener aprendizajes que me ayudan a ser una mejor persona. Los retos me impulsan a desarrollar habilidades emocionales que me convierten en un mejor ser humano, que me muestran aspectos de mí que puedo sanar en ese momento y me ayudan a reconocer que los demás tienen su manera de ser y sus propias historias. Ser compasivos es una forma de darnos amor y de darlo a los demás.

 

¡Cuánto tiempo perdido haciéndome el cuento de mi mala suerte o de que aquella persona lo que quiere es molestarme! 

 

Descubrí que esto no es más que un escape fácil para no asumir la responsabilidad de lo que me sucede. No quiero confundirte: tampoco se trata de que aquello que te sucede no sea real o que no haya personas con intenciones desagradables. Lo que pasa es que atraemos esas circunstancias para aprender a transformarlas, para vernos en la necesidad de conocernos mejor (identificando las  debilidades y sacando las  fortalezas). Aprendemos a desarrollar mecanismos personales para trascender el obstáculo, con lo cual damos un paso hacia nuestra transformación, hacia nuestro ser verdadero.

 

O sea que, amiga, cuando tengas algúna situación que te inquiete o moleste, sobre todo si es repetitiva, pregúntate qué es aquello que aún no has aprendido de ella, qué cosas de ti o de otra persona no quieres ver amorosamente, y cuáles son los dones que tienes para ayudarte a experimentar esa situación y salir de ella fortalecida.

 

Leí por algún lugar que: “Los grandes golpes de la vida no son para joderte, sino para enseñarte una verdad que no percibías”.  Tiene sentido, no?

 

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