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El “guto” nunca se pierde

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Mie, 2 de agosto de 2017

Por Brinella Fernández

Esta frase la escuche a finales del año 1984, teniendo yo unos cinco meses de embarazo (el último) de un fabuloso varón, y realizaba una investigación de campo en la zona rural de la provincia de San Juan de la Maguana sobre el trabajo femenino en la agricultura de la República Dominicana.

Pronunció esta sentencia una mujer de edad madura –alta, delgada, de hombros anchos, espalda derecha y cabeza erguida cual palmera tropical, que se movía con destreza y agilidad admirables en el trabajo de despalillado del maní. Estaba yo en conversación con mi compañera de investigación, Tarasi Rosado y, como parte de la investigación del trabajo de las mujeres despalilladoras de maní para el CIPAF, por varias semanas habíamos tenido encuentros diarios  que implicaban la observación del trabajo de estas mujeres y el establecimiento de conversaciones acerca de su labor agrícola, sobre tópicos femeninos, la sexualidad, la familia, etc. En fin, temas que solemos abordar las mujeres en la intimidad y la complicidad que se pueda crear, en general sumamente enriquecedora.

Sorprendente era en este caso, que una mujer hiciera ese comentario ante dos extrañas como éramos, hasta hacía unas semanas, las dos investigadoras; lo que mostraba el fino trabajo de observación participante y técnica de investigación antropológica que aplicábamos, nuestro respeto por su trabajo y por sus vidas. Su salida con la frase “el guto nunca se pierde” nos sorprendió y produjo sonrisas cómplices entre las presentes, y de misteriosa manera creó un ambiente de complicidad e intimidad entre todas, incluidas las investigadoras.

Muchos mitos deambulan en torno a la sexualidad en la población que mira a su espalda, su juventud lejana. Se especula que, con el paso de los años, las personas pierden el deseo sexual, el interés por la intimidad y por el contacto físico, íntimo, amoroso. Esa mujer despalilladora de maní desmitificaba con su frase, ante nuestros ojos juveniles aún, la falsa creencia.

Al pensar en “el guto”, el imaginario colectivo de inmediato sabe que se refiere a lo sexual, que como es sabido es sinónimo de creatividad y por ende fuente de creación a otros niveles, en otros aspectos de la vida.

Es en este punto en donde quiero detenerme y mirar contigo la importancia de no perder “el guto” ni el gusto aunque en algunos momentos y circunstancias la energía nos aleja. Hay que volver a ella, a lo vital, al “guto” y al gusto por la vida, por vivir, por dar, por recibir, hasta el último hálito. Vale el esfuerzo.

Es justamente en el compartir (en el dar y el recibir, en la complicidad que habita en las diferentes relaciones) en donde se encuentra la sustancia que impulsa a continuar, incluso en la relación conmigo, en mi intimidad, y con la diosa que en mí habita y que me acompaña en mis andares en esta encarnación. Doy fe de que “el guto no se pierde”, ni el gusto tampoco.

Al paso del tiempo, al recordar la figura de aquella despalilladora de maní –su andar, su gracia, su energía- entiendo mejor que nunca que el “guto” estaba en su alma, se nutría de su espíritu, habitaba en su cuerpo y se expresaba en cada movimiento, en cada gesto; ella era vida… ella era “guto andante”.

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