AMOR PA’ MI

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El conflicto: Oportunidad para el propio amor

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Dom, 18 de junio de 2017

Por Lori

Me casé un tanto jóven, a los 24. Por aquellos años vivía en Barcelona, a donde fui a hacer una maestría y allí me encontré con Samuel, un antiguo amigo que luego se convirtió en el padre de mis dos hijos, Sofía y Emilio. Ya no estamos casados, pero por suerte hoy llevamos una buena relación de padres divorciados. Nos costó un poquito conseguirlo pero el resultado ha sido muy positivo para nuestros hijos.

Actualmente tengo una relación que va super bien. Matías es un hombre con el que me siento muy cómoda al relacionarme. De vez en cuando también tenemos desacuerdos, como es normal. Pero al ir madurando, he aprendido a conocerme mejor y ahora tengo mucho más claros mis deseos, gustos y prioridades. Y Matías también. Somos concientes de que los juegos emocionales son una pérdida de tiempo y de energía. Preferimos crecer juntos, ser también buenos amigos, disfrutar de nuestra intimidad y poner siempre en primer lugar el respeto y el amor. Tenemos una linda relación, pero eso no quiere decir que esté exenta de conflictos.

Hace poco estuvimos en desacuerdo acerca de algo que haríamos juntos y me enojé. Pasé un día fatal porque en vez de conversar con Matías y airear mi disgusto, me lo guardé. Luego, un poco más sosegada y reflexionando sobre lo sucedido, recordé que Samuel y yo teníamos el hábito de no expresar las cosas claramente, y esto contribuyó muchísimo a que nuestra relación fuera un tormento para los dos.

Años atrás solía creer que tenía que callarme las cosas para evitar crear más conflictos y no me daba cuenta de que al hacerlo me llenaba de rabia. Una vez leí algo que me hizo pensar en mi actitud; la frase decía que el conflicto en sí no es negativo, que lo que lleva a la violencia es no buscarle resolución. Esto fue muy iluminador para mí, por mucho tiempo en mi vida consideré que había que evitar a toda costa los conflictos para no dañar la cosa. Después entendí que la solución llega después de que hemos hecho lo posible por expresar y ventilar lo que nos pasa. Si no lo hago hasta puedo enfermarme. Las situaciones que nos tragamos sin digerir (es decir, sin hablarlas) se nos pudren dentro, son una agresión a nuestro cuerpo.

Cuando decido hablar en confianza con la otra persona, cuando me doy el permiso de decir lo que siento, y lo hago bajo mi responsabilidad y sin temor a ser rechazada, estoy cuidando de mí misma como una adulta. Lo que hace daño es tragarse las emociones y vivirlas en soledad. Claro, que en casos de conflictos importantes, contenerme antes de intentar una solución junto con la otra persona también es clave, hay que dejar que las emociones se enfríen y hacer la tarea: buscar en mi interior qué es lo que verdaderamente me molesta, de dónde viene ese malestar, a qué se me parece, qué sentimientos tengo, qué cosas no han salido a flote aún y están por debajo de lo que veo en la superficie. Esto me ayuda a poner distancia, a ser más objetiva, y a reconocer el mensaje que me está ofreciendo la situación.

Con Samuel no expresaba mis necesidades y de esa forma me comportaba como una niña temerosa de no ser aprobada. Tampoco me hacía responsable de lo que estaba sintiendo y de las consecuencias de la manera en que manejaba mis emociones. Al contrario, me conformaba con rumiar mi enojo y echarle toda la culpa a Samuel por no haber “entendido” lo que yo necesitaba (y no decía).

Con frecuencia me sentía inadecuada y creía que mis necesidades eran tonterías, tenía la tendencia a pensar que estaba equivocada aunque mis emociones me dijeran lo contrario. No prestaba atención a mis malestares y me autoreprochaba por aquellas cosas de mí misma que no comprendía o que no lograba organizar en mi cabeza para poder hablar de ellas. Me conocía muy poco, estaba muy insegura y no reconocía mi voz interior.

Tenía miedo de ser herida y volver a sentirme abandonada. Dejaba que la rabia y el enojo se instalaran en mí, y así estaba mi vida.

Bueno, no te niego que aún tengo miedos e inseguridades, pero mi camino es un continuo aprender y crecer, y lo que hace la diferencia ahora es que estoy más presente en cada cosa que me sucede. No hay un acto de magia para hacer desaparecer nuestro lado oscuro, esas partes nuestras que necesitamos sanar. Y no hay ningún problema con eso. Lo que sí es que desde hace unos años, y sobre todo en mi relación con Matías, pongo más empeño en observarme cuando estoy en medio de un conflicto, y algo que ha sido esencial es darme cuenta de que en nuestros conflictos él me muestra aspectos de mí que necesito ver. Soy un ser humano aprendiendo a ser persona.

Una conversación a tiempo aunque no sea del todo agradable (incluso una discusión dentro de los límites del respeto) siempre es beneficiosa en las relaciones con otros, especialmente con la pareja. Para que el conflicto tenga un resultado constructivo para todos, hay algunas cosas que tengo presentes. Una de ellas estar atenta y dispuesta a definir el problema sin señalar al otro como culpable, ya que esto sólo hace que estemos a la defensiva y anula toda posibilidad de resolución. No niego que esto no es tan fácil, sobre todo cuando estoy enojada, pero con práctica y conciencia he podido lograrlo poco a poco.

Tener la seguridad de que puedo salir del conflicto entera y con mi dignidad es muy alentador. Ejercer mi derecho a decir mi punto de vista es un acto de poder interior. Saber que esto no implica que el otro hará lo que quiero es mantener también la dignidad del otro.

Cariños,

1firmalori

 

 

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