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Eclipse total del amor, algo se muere por nacer

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Lun, 21 de agosto de 2017

Por Amazona
Amante y guerrera

Me encanta esa canción. De niña la cantaba frente al espejo a viva voz usando un cepillo de pelo como micrófono, con mi pelo rizado y esponjado como un León (tipo Amanda Miguel) mis pantalones cortos y mi sonrisa fresca, toda libertad, toda expresión, todo talento, toda yo. Hoy tiene un significando diferente; o ¿quizás no? De hecho ya me acostumbré a no cerrar todas las preguntas y a revisarla de vez en cuando.

Así que a pocos días del eclipse total del sol de agosto 2017, un evento súper importante me tomo la libertad de buscar mis preguntas abiertas y revisarlas, ¿este eclipse tiene que ver con esa sensación de libertad y talento? ¿Será que es buscar el propósito?

Sin querer cerrar la pregunta, pero cerrando un poco el tiempo y el espacio de hechos y sucesos de mi vida, creo que este eclipse tiene que ver con esa niña cantante y con esta mujer maravillosa y en crecimiento que aún canta frente al espejo que conozco hoy. El tiempo que la oscuridad reina en un eclipse es apenas de 3 minutos. En mi caso, en mi vida, el efecto de este eclipse tuvo un ciclo de 12 lunas llenas, 365 días con el ego eclipsado, explorando la geografía de la sanación y el autodescubrimiento.

Todo empezó un 18 de agosto, donde 4 mujeres aspirantes a magas, que hoy cada una está situada en un espacio geográfico del planeta diferente, subimos al techo a conjugar nuestro amor perfecto a la luna llena en Acuario de ese año, el San Valentín Judío. Pedimos por un amor que se ajustara a cada una y cada una obtuvo lo que quería.

En ese momento, en agosto de 2016, estaba casada, ni mal ni bien. Es una sensación de limbo que sólo las que están ahí lo entienden. Es como estar acostada en una cama arreglada y ajena, no te mueves para que no se dañe pero no descansas, no disfrutas, sólo la cama permanece perfecta pero tienes la cama y debe permanecer arreglada y sin arrugas, es lo que llaman en coaching zona de confort.

Desconocía el poder de la luna. Ese día descubrí que hay que estar claro de lo que se pide porque a veces no sabes cómo contener lo que recibes. Cinco días después de ese conjuro de pedir el amor perfecto, que para mí fue un juego algo intelectual que explorar, descubrí de una forma muy uraniana (sorpresa y tecnología) la infidelidad de mi esposo, un mensaje de texto que ví por error y ese fue el principio de la transformación.

Caí en una depresión desesperante y desesperanzadora,  guiada por el dolor de la traición más que  por la evidente pérdida, y así inicio mi peregrinar en la geografía de la sanación descrita por Amelia Andrade; en su libro uno cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida. Después de recoger mis pedazos lo mandé en un avión donde amigos en NY (qué otro lugar que la segunda capital de República Dominicana?). Se fue con la luna nueva en Virgo y regresó 15 días después en luna llena en Piscis, en plena cuadratura mutable, donde nadie sabe lo que es, lo que quiere y adónde va. Donde todo es incertidumbre.

Es muy fácil gerenciar desde el pasado. Si supiera lo que sé hoy simplemente lo hubiera dejado regresar, que recogiera sus cosas y se iba. ¡Punto final! Y mi recorrido por la geografía de la sanación hubiera sido diferente. ¡!!Pero noooo!!! Como buena mujer caribeña con creencias religiosas y familiares tradicionales (a pesar de tener la familia más original y de mayor educación en libertad de la bolita del mundo y el potecito de sangre), mi primera intención fue “salvemos esto”!!! Así lo hice, fui la perfecta esposa, la perfecta amante, la perfecta mujer por 28 días, y recuperando la luna su luz en calidad de llena de Aries, el 15 de octubre del 2016 (obvio), no aguante más y me di cuenta que mantener esto no iba a ser sostenible.

Lo más duro fue hablar con las niñas, dejarle saber que lo que éramos debía cambiar y que debíamos todos crecer. Como padres y madres siempre queremos mantener a nuestros hijos en una burbuja, por eso al final, como adultos nos cuesta seguir solos. Pero eso es cuento de otra historia.

Luego de estar sola,  tuve una falsa esperanza de que todo estaba bien, me refugié en algo que no era para mí y me hice la idea de estar sana cuando en realidad estaba evitando hacer el recorrido de sanación. No me conocía, no sabía de todo lo que era capaz, por tanto no me valoraba en toda mi grandeza.

Y así, un 24 de diciembre recibí lo que me diera el empujón para poder vivir realmente el dolor sin excusas: aprendí que hay que saber abandonar el barco que nos ayudó a cruzar el río, a veces nos apegamos a aquello que simplemente es un canal y lo confundimos con hogar. Con esta lección retomé el camino de la sanación para cambiar el amor de mi vida, no por otro amor, sino por otra vida.

 

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El 26 de febrero, en ese eclipse en virgo-picis donde estaba cayendo en el precipicio del dolor,  me encontré en mi casa sola sin mis hijas, sin amor, sin amigos y todo el mundo pasándola bien, (era feriado en mi país y en pleno carnaval). Me di cuenta que el camino debía recorrerlo como una maratonista, entrenando a través de la autoexploración y el descubrimiento. Te cuento algo, eso duele y mucho. Como todo ejercicio te fortalece pero duele.

Ahí en ese eclipse me concentré en verme y estudiarme, me tomé como mi propio experimento, me planeaba pequeñas tareas y retos para lograr superar apegos, patrones y creencias limitantes que estaban ahí. El camino (aunque caminaba sola) tenía entrenadores y coaches que me guiaban y que evaluaban mi progreso. Dejarse ayudar también forma parte del proceso.

Con la luna nueva en Aries, el 27 de marzo salí del país sola, a escucharme sin interferencias. La experiencia fue transformadora, me encontraba en el valle de las lágrimas pero estaba sintiendo y aceptando el dolor, pasé el tiempo que tenía que pasar conmigo y junto a mí, e inicie la subida al pico del amor propio que tiene sus retos y retrasos y que refuerza lo que se ha hecho, el pico te da la oportunidad de mirar el camino que has recorrido y reconocer lo que has recorrido.

 

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Ya en mayo con la luna en llena en Libra estaba lista para amarme, pero como dice la ley física “todo lo que sube tiene que bajar”, y justo cuando uno va a aprender es que se inunda en el lago de la incertidumbre. Empezaron a surgir dudas y preguntas: ¿Voy bien? ¿Voy mal? ¿Me devuelvo?  ¿Tomé las decisiones correctas? ¿Estaré sola toda mi vida? ¿Volveré a tener sexo? (importantísimo a mi edad) ¿Mis hijas estarán bien? Entre en la zona de pánico (de acuerdo al coahing) y en este lago de incertidumbre descubrí la frase que hasta ahora me ha hecho mantener claro mi camino: “Ni antes todo era perfecto ni ahora todo esta tan mal”. Y viviendo esta frase, expandiendo mi zona de aprendizaje, comprobé cómo la zona de pánico se puede convertir en zona mágica donde te pueden ocurrir cosas maravillosas que aún no conoces, es la zona de los grandes retos donde el cambio es en realidad desarrollo, progreso, crecimiento.

El 07 de agosto, el día del eclipse de luna llena en acuario, 12 lunas llenas después, me sentaba en un restaurante en mi país frente al mar, comiendo mofongo y teniendo una agradable conversación donde repasaba en mi mente todo este peregrinar. Ese 18 de agosto del 2016 el amor que necesitaba era a mí misma para poder querer a otros. Me tomó un año entero de eclipses totales del corazón para poder amarme, aceptarme, valorarme y darme cuenta de mi propósito. Definitivamente crecen cosas de nuestras heridas cuando sanan. Hoy quiero enseñar y quiero aprender. Estoy consciente de que soy una naranja completa.

Hoy, 21  de agosto del 2017, tenemos un eclipse total de sol en Leo, como dice Mia Pineda, no es lo mismo que te eclipsen en casa ajena a que te eclipsen en tu propia a casa. Este fenómeno tan poco usual, tan misterioso y peligroso coincide con mi proceso de transformación, mi crecimiento y peregrinar en la geografía de la sanación y autoconocimiento. Su oscuridad sólo durará 3 minutos, mi eclipse total del amor (propio o propio amor) duró justo 1 año, pero es en esa sombra en ese eclipse del ego, que sale nuestro lado oculto, oscuro y que tratamos de negar. Conocerlo y volver a la luz nos permite brillar desde nuestra esencia y es en ese momento que te das cuenta que debes de revelarte al mundo, por que  algo se muere por nacer.

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