SALUD Y BELLEZA

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Digiriendo mi vida

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Mar, 18 de julio de 2017

Por Lucely Vega
Terapeuta Corporal Sistémica y Energética

Nuestro cuerpo siempre nos trae información. Es importante saber reconocerla para continuar sanando y conectando así nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro espíritu.

Para iniciar, te invito a profundizar en las siguientes preguntas:

 ¿Cómo estoy manejando mis sentimientos?

¿Qué me amarga en este momento de mi vida?

¿Cómo manejo los conflictos?

¿Los enfrento o estoy huyendo de ellos?

¿Cómo estoy digiriendo mi vida?

Las emociones influyen mucho en el funcionamiento de nuestro sistema digestivo. Somos una unidad, un todo, un conjunto. Así, todo nuestro cuerpo se relaciona consigo mismo y con las emociones. De ahí el término de psicosomatismo: los procesos emocionales que influyen en el plano físico.

Los síntomas psicosomáticos son aquellos cuya aparición ocurre por no haber expresado alguna emoción de importancia, sea positiva o negativa. Algunos son causados por la alexitimia, que es un desorden de tipo neurológico que genera en quienes la padecen una notoria incapacidad para poder controlar y reconocer sus propias emociones y, por lo tanto, los lleva a tener dificultades en materia de expresión verbal.

El aparato digestivo es un modelo de comunicación abierto. Su sistema de entrada es la boca, el esófago, el estómago. El de salida, el ano. El resto sería el sistema medio, el que procesa, reconoce y absorbe. El intestino es como nuestro segundo cerebro, contiene unas cien millones de neuronas aproximadamente, y para funcionar fabrica veinte neurotransmisores.

La serotonina juega un papel bien importante como neurotransmisor en la inhibición de la ira, la agresión, la temperatura corporal, el humor, el sueño, el vómito, la sexualidad y el apetito. Estas inhibiciones están relacionadas directamente con síntomas de depresión.

La mayor parte de serotonina, concretamente el 95%, se sintetiza en el tubo digestivo. A nivel periférico, la serotonina aumenta el peristaltismo (los movimientos del intestino) y el tránsito intestinal. Cuando hay una disfunción de la serotonina esto provoca dolores viscerales y estreñimiento.

De ahí que nos adentremos en la nutrición como un aspecto bien importante que debemos observar. Por los alimentos y comidas que preferimos cada uno de nosotros, podemos descubrir muchas cosas.

 

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Las costumbres alimenticias que cada uno tiene reflejan la forma de ser. De manera rápida podemos decir que:

  1. Los metódicos: Comen un solo alimento a la vez y para ellos el detalle es imprescindible. Tienen pensamiento rígido y tienden a aislarse.
  1. Los lentos: Se alimentan con pequeños bocados, mastican mucho, piensan en lo que saborean y son siempre los últimos en terminar la comida. Adoran el control, son tercos y a veces egoístas o deprimidos. No tienen problemas digestivos y disfrutan de la comida.
  1. Los rápidos: Tragan sin respirar y comen haciendo diez cosas a la vez. Hablan por teléfono, leen el diario y trabajan con la computadora. Son impacientes, parecen altruistas y se olvidan de sus prioridades. Tienen tendencia a engordar.
  1. Los selectivos: Eligen minuciosamente la comida, saben bien lo que quieren, son curiosos y se hacen muchas preguntas.
  1. Los organizados: Cocinan de manera racional, no mezclan los alimentos y calculan el mismo espacio por cada uno de ellos. Son disciplinados y adoran la limpieza extrema pero no le dejan espacio a los demás, no confían y no comparten, son rígidos, se aíslan.

Al haber abordado algunos elementos de la nutrición y la digestión ahora nos adentramos en la relación entre las emociones y el funcionamiento intestinal, que nos permitirá entonces conocer un poco más las reacciones de nuestro organismo.

Las personas que padecen estreñimiento posiblemente muestren conductas de control, responsabilidad excesiva, también puede que sean ahorradoras, muy ordenadas, escrupulosas e incluso obsesivas. En definitiva, personas que suelen retener y les cuesta soltar, fluir.

En cambio, quienes suelen tener diarreas puede ser a causa de la represión de aquello que se quedaron por decir, un enfado o situación que “se tragaron” y no han podido “digerir”.

Cabe tener en cuenta que el intestino es el órgano más importante para la inmunidad del organismo. En su flora intestinal contiene una gran población de microorganismos, unas cien mil millones de bacterias de cuatrocientas especies diferentes que nos ayudan a su correcto funcionamiento e impiden el crecimiento de elementos patógenos.

Ahora conozcamos algunas características o emociones relacionadas con un estómago débil:

  • La intolerancia: “Es demasiado para mí”, “no puede ser”, “no lo tolero o digiero”, “no es correcto, es injusto”.
  • La irritación: “Me enfurece, me quema”, “¿Cómo pudo hacerme eso?” “He sido engañado”, “me siento bruscamente invadida y dañada”, “es un imbécil, lo odio.”
  • La incertidumbre: “¿Qué pasara ahora?”, “¿Qué voy a hacer sin …?”, “¿Y si no se soluciona?” “¿Y si me peleo nuevamente?”, “¿Y si no resulta?“.
  • El miedo: “Temo no poder controlarlo”, “no voy a poder con esto, me aterra”, “todo esto es demasiado nuevo para mí”.
  • Insuficiencia: “No tengo amor, admiración o aceptación suficiente de quien amo”, “no recibo el alimento afectivo que necesito”, “necesito desesperadamente más atención, más amor”.

 

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Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke en su libro “La enfermedad como camino” nos dicen lo siguiente:

“Una vez triturados los alimentos con los dientes, los ensalivamos y los tragamos. Con el acto de tragar integramos, admitimos: tragar es incorporar. Mientras tenemos algo en la boca podemos escupirlo. Una vez lo hemos tragado, el proceso es difícilmente reversible. Los trozos grandes son difíciles y hasta imposibles de tragar. A veces, en la vida uno tiene que tragar algo contra su voluntad, por ejemplo, un despido. Hay malas noticias que son difíciles de tragar.

Precisamente en estos casos, un poco de líquido puede facilitar la operación, especialmente si se trata de un buen trago. Del alcohólico se dice que traga mucho. Por lo general, el trago alcohólico sirve para facilitar o incluso sustituir otros tragos. Se traga alcohol porque en la vida hay otras cosas que uno no puede ni quiere tragar. Así, el alcohólico sustituye la comida por la bebida (beber mucho provoca pérdida del apetito), sustituye el trago duro y sólido por el suave y líquido, el trago de la botella.

Hay numerosos trastornos de la deglución, por ejemplo, el nudo en la garganta y las anginas, que producen la sensación de no poder tragar. Entre estos trastornos figura el de la «aerofagia», afección que impulsa a tragar aire. Hay algo que uno no quiere tragar, no quiere asimilar, pero disimula tragando aire. Esta resistencia encubierta contra la deglución se manifiesta después con eructos y ventosidades (literalmente: «pearse en algo»).”

Con estos elementos te invito a que aprendas a observar qué te muestra tu cuerpo acerca de la manera en que digieres tu vida. ¿Hay algo actualmente en tu vida que no puedas o no quieras tragar?

 

Para contactar con la autora:
Lucely Vega, Terapeuta Corporal Sistémica y Energética
Toque Sanador, 809 879-8039

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