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Decir que Sí a nuestro ser tal como es

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Jue, 12 de abril de 2018

Por Gabriela Reyes Florentino

Actualmente dirijo un proyecto que se ha convertido en mi legado de vida. Mi trabajo es crear programas educativos y ofrecer una serie de talleres para cubrir las necesidades que vayan surgiendo.

El mes pasado iniciaba uno de los talleres y varias horas antes de iniciarlo, todas las personas interesadas cancelaron su inscripción. Sentía como toda la sangre de mi cuerpo comenzaba a hervir y la  temperatura de mis venas se hacía cada vez más caliente. Estaba muy enojada como para pensar en un “plan B” u otras opciones.

Esa misma mañana fui a observar la práctica pedagógica de unas maestras en un centro educativo de la ciudad, y en un ejercicio una de mis compañeras hizo algo que me enojó bastante.

Un rato después, me escribió quien había sido mi pareja, para decirme que pasaría cerca de donde yo estaba para entregarme un pequeño regalo para mi padre, como una forma de agradecerle todo lo que había hecho por él, al abrirle muchas puertas. Aunque me alegré por saber de esta persona y por el hecho de que se sintiera agradecido de mi padre, no le mostré toda mi alegría por su detalle pues yo tenía todo el enojo del mundo y mis emociones estaban muy inestables. Mientras hablábamos y nos poníamos al día con nuestras vidas, él hizo un comentario aparemente sin importancia que hizo que volviera a hervirme la sangre.  

Fue un día muy agotador, lo sé. Pero poco después me pude dar cuenta de que estar enojada es una parte de mí que no me gusta, porque pienso que los demás no me van a querer si me enojo, si me muestro molesta o agresiva. Me costó ver y entender que no son los demás los que no me quieren si me enojo, sino yo misma. No se trataba de mi compañera, ni de mis estudiantes, ni siquiera de quién fue mi pareja sentimental. Se trataba de ver esa parte de mí que juzgo y condeno por ser cómo es.

Al hacer esta conciencia, agradecí todas las invitaciones y todos los actores que hicieron posible que yo pudiese ver esto para mi mayor bien: sanar y restaurar mi propio amor. Es muy fácil ver lo que no nos gusta de los demás, pero no es tan fácil cuando se trata de vernos como somos, especialmente cuando se trata de ver nuestro ego. Amarnos también implica decirle que Sí a todo eso en nosotros a lo que le gritamos sin piedad un rotundo y definitivo ¡no! Todo ese día agotador de enojos fue una invitación a amarme y aceptarme como soy, con todas mis experiencias.  

He encontrado alivio en esta afirmación:

Me gusta lo que soy como soy. 

Asiento a todo mi ser como es. Estoy en paz. Me amo.

Namasté.

 

Para contactar con la autora:
elaflorentino.info@gmail.com

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