MI COCINA

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De alquimistas, brujas y cocineras

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Por Sonia Colombo                                                                        Lun, 05 de diciembre de 2016 
International Coach Trainer, Coach Ejecutiva y de Equipos (y alquimista cocinera)

Desde entonces y desde siempre he sentido un particular encantamiento y embrujo por la mezcla de los sabores, los colores, las texturas y los olores, esto en el espacio más divertido de mi casa: la cocina. En este lugar que es más que un espacio físico lleno de utensilios estratégicamente colocados, vuelo a una época de abuelas, tías y madres que apilaban el arroz, tostaban y majaban el café, ordeñaban vacas y cabras, encendían o avivaban el fuego de los fogones antes de que naciera el día. En ese mismo espacio también conecto con otras mujeres que no conocí, pero que sus historias de recetas encantadas me llegan evocadas por las memorias de paladares que las reproducen con un cierto dejo de “magia”, donde aparecen siempre muchas Úrsula Iguarán como protagonistas de proezas gastronómicas.

De “mi aquí y mi ahora” me conecto con las mil y una posibilidad del mercado que me ofrece recursos de materia prima: vegetales, cortes de carnes, quesos, verduras, frutas, aceites, vinagres, licores, arroces y granos, con los cuales me doy permiso para jugar y hacer mi “cocina de autor”, un concepto que cada día procuro convertir en una deliciosa y apasionante diversión.

Desde este marco, para mí la cocina es eso: una deliciosa y divertida experiencia de aprendizaje, que me permite canalizar emociones, tener conversaciones conmigo misma y con otros, reflexionar, visualizar futuros, encuentros, construir lazos de amistad y familiaridad. Pero que la cocina sea todo eso y algo más depende de cada “alquimista” que vive la cálida y olorosa travesía de preparar alimentos, para lo que antes ha de descubrir el “para qué” está haciendo lo que hace en la cocina.

Igual que en la cocina, nos pasa con otras cosas de la vida que no sabemos cómo ocurren, mucho menos “para qué” ocurren. Encontrar el “para qué”, encontrar lo que está más allá de lo obvio, es lo que le da sentido a mi cocina o a la tuya. Ese es el combustible que enciende la llama para “cocinar” lo trivial, lo cotidiano…, eso simple que puedes convertir en una obra de arte y en la mejor propuesta de amor a tu familia y amigos, y de manera especial, materializar esa idea o sueño del que quieres ser dueña.

Cada mujer en la cocina puede llegar a ser su mejor versión de “alquimista”, ser única e irrepetible, tener su sello particular de magia, encantamiento y de vivir experiencias nuevas. Si no lo lograra, puede modelar a otras…, y siempre podrá construir historias.

A la cocina podemos ir con estilo de lo tradicional, con creencias que nos acompañan por la vida, o podemos ir con apertura hacia lo nuevo y lo atrevido, rompiendo viejos marcos. Es por eso que algunas van con un recetario que no da permiso a una pisca adicional de sal, y otras abrazamos la libertad, la creatividad, la diversidad de los sabores, de los colores, nos damos permiso para experimentar el fracaso, y para desde ahí descubrir el verdadero sentido del éxito… pues, como ocurre en la vida, cocinar es tener aciertos, aprendizajes y éxitos.

Un sancocho y una pierna de ternera horneada

Mientras escribo esto que me ha pedido una querida amiga, ella medio bruja que disfruta mis recetas, gozo de los maravillosos olores a verduras de un sancocho que tengo como oferta de este día gris de octubre; y como cuando era niña le pido a la “Virgen de las Cuevas, que llueva que llueva…” para que el entorno sea el perfecto, y así celebrar la vida de mi madre, de quien tomo y honro la cocina como una magnifica oportunidad de hacer embrujos de amor convertidos en pócimas con olor a ajo, cebolla, cilantro y orégano.

Y como siempre, desde entonces (y desde mis abuelas dominicanas, italianas y árabes) los fogones no se apagaban, por lo menos en la imaginación, y ya estoy visualizando para mañana una pierna de ternera deshuesada y macerada en salvia, ajo, sal, pimienta, aceite de oliva y vino tinto, que irá al horno por unas 3 horas a 350 grados; que bañaré con su propio líquido, del que luego tomaré parte para hacer una reducción con cebollitas de cambray, pequeños tomates rojos y marrones, ajos enteros encurtidos y naranjillas, cuyo sabor agridulce será la explosión perfecta en las bocas de mis amigos, que igual que yo, saben que lo único que llevamos de esta vida es lo disfrutado, lo besado, lo abrazado, las buenas conversaciones, el amor y la amistad tejida con los colores y los sabores de la vida.

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