AMOR PA’ MI

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Creando el archivo de mi evolución personal

40983648 - opened diary with a pencil on a table.

Jue, 18 de mayo de 2017

Amiga querida:

 

Supongo que te habrás dado cuenta ya de que me encanta escribir. Disfruto muchísimo plasmando ideas, contando cosas de mi vida y compartiendo mis aprendizajes, las maneras de vivir con mayor bienestar y ser una persona más completa.

 

Si mal no recuerdo, el hábito de escribir lo inicié en mi adolescencia, cuando me levantaba de madrugada, antes que todos en casa, desvelada por el amor no correspondido del muchacho que me gustaba en la clase. Le escribía poesías “cortavenas”, super cursis, en las que trataba de imitar malamente al poeta José Angel Buesa. Claro que nunca entregaba aquellos poemas que hablaban de mi amor escondido, un amor que por supuesto todos conocían porque se me ponía la cara roja cuando el chico (que también estaba enterado) pasaba por mi fila, se detenía justo al lado mío y colocaba, dizque al descuido, su mano sobre mi pupitre mientras conversaba con alguien más. Poco tiempo después tuvimos unos amores bastante cortos, pues pronto descubrí que tenía un ego enorme que alcanzaba para varias chicas del mismo curso, y lo dejé sin mayores inconvenientes.

 

Por aquellos años también escribía en mis diarios. Ellos fueron de gran ayuda, especialmente cuando mis padres se divorciaron y supongo que todos los leían a sus anchas porque andaba dejándolos en cualquier lugar. El asunto es que en esos tiempos un poco confusos de mi adolescencia, escribir me sirvió muchísimo para encontrar cierto sosiego. Con el tiempo, de tanto en tanto, he seguido escribiendo, en los ultimos años con más frecuencia y mayor conciencia.

 

Lo cierto es que se ha comprobado que escribir es una actividad sumamente sanadora, y que poner en blanco y negro una situación, un conflicto, un estado de ánimo, hace que sea más fácil analizarlo, mirarlo y resignificarlo. Cuando suelto en el cuaderno una situación que trae cierta carga emocional, el acto de plasmarla en el papel es de por sí una liberación. Lo escrito está ahí y puedo mirarlo con distancia, por encima de la emoción original que me causó.

 

En los barcos, la bitácora es un lugar al lado del timón donde se guarda la brújula y que en otros tiempos incluía también un cuaderno (el cuaderno de bitácora) en el que se llevaba un registro de todo el desarrollo del viaje. Con el tiempo a ese cuaderno se le llamó simplemente bitácora, y hoy esta palabra se usa también como sinónimo de diario de anotaciones. Me encanta la palabra porque es linda y aventurera.

 

Llevar una bitácora de mi vida cotidiana es el registro de mi viaje de héroe, el viaje de regreso a mí misma, y ha sido una de las maneras más efectivas para conocerme. Mi bitácora es el archivo de mi evolución emocional y espiritual, al que puedo acceder cuando quiero para tener nuevas compresiones sobre mí misma y para reflexionar acerca de situaciones repetitivas que necesito atender de una vez por todas. El papel (o la pantalla del computador) no sólo sirve para el desahogo personal, por eso mi bitácora no es sólo para anotar mis conflictos. En ella también llevo un registro de lo bueno que me sucede, y cuando tengo que sacar la cuenta veo que las bendiciones que tengo son mayores. Esto me impide olvidar, en momentos de vulnerabilidad, lo afortunada que soy y me recuerda las múltiples formas de amor que recibo de la vida a cada momento.  

 

El escritor Ziley Mora es el creador de una herramienta terapéutica llamada ontoescritura, que utiliza la práctica de un diario o bitácora como un método para adueñarnos de nuestras emociones y tener poder sobre ellas. Una vez que experimentamos una situación, la ontoescritura nos permite elegir cómo contarnos de nuevo la historia, sustituyendo el diálogo interior destructivo por una mirada que nos permita descubrir fortalezas que aumentan nuestro poder personal, en vez de castigarnos con una historia que nos deja en estado de limitación y carencia.

 

Sabemos que el pasado no puede cambiarse y que las heridas que llevamos siempre estarán ahí. En una ocasión escuché a mi maestra afirmar que la única manera de sanar un pasado doloroso es modificando la manera en que nos contamos la historia. No se trata de negar los hechos, sino de mirarlos como una invitación a crecer. Cuando hemos tenido una experiencia de sufrimiento, la ontoescritura sirve para “limpiar la historia personal”, poniendo un nuevo texto que nos haga más justicia, una historia en la que nos damos un trato más amable, compasivo y benevolente, capaz de restaurar el amor hacia nosotras mismas.  

Cariños,

1firmalori

 

 

 

PD:  Al final de tu guía impresa Sin Delantal hay una buena cantidad de páginas que puedes usar como desees, por ejemplo, para tu bitácora personal. Espero que la disfrutes.

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